
Horacio Castellanos Moya nació el 21 de noviembre de 1957, en la ciudad de Tegucigalpa, capital de la república de Honduras. Fue trasladado a San Salvador en los primeros años de su infancia. Vivió en la capital salvadoreña hasta 1979, período en el que tuvo que abandonar también sus estudios de literatura, desarrollados en la Universidad de El Salvador. Tras su salida del país se dio a conocer su antología poética La margarita emocionante, donde compiló trabajos de seis poetas, entre ellos Mario Noel Rodríguez, Miguel Huezo Mixco y él mismo.
Residió durante medio año en Toronto, Canadá, en cuya York University cursó estudios históricos y de áreas comunes. Volvió a su ciudad natal, en cuya Universidad Nacional laboró de marzo a julio de 1980. Establecido en San José (Costa Rica), de agosto de 1980 a septiembre de 1981 se desempeñó como corrector de pruebas en la Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA).
El 18 de septiembre de 1981 llegó a la ciudad de México, donde permaneció por una década y fungió como redactor en la Agencia Salvadoreña de Prensa (SALPRESS), corresponsal de la revista brasileña Cuadernos del tercer mundo, analista político de la empresa privada ANAFAC y editor de la Agencia Latinoamericana de Servicios Especiales de Información. Entre septiembre de 1986 y enero de 1987 se trasladó de la ciudad de México al pueblo de Tlayacapa (Cuernavaca), donde escribió su primera novela, La diáspora, dedicada a contar las experiencias de los intelectuales salvadoreños exiliados a causa del conflicto armado (1979-1992). Esta obra ganó el Premio Nacional de Novela 1988, patrocinado por la Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas". Al finalizar el período bélico salvadoreño (1979-1992), regresó a San Salvador a participar en la fundación del primer medio impreso de la posguerra: el semanario Primera plana (San Salvador, 1995-1996).
Como periodista se ha desempeñado como corresponsal, editor y director de diversos periódicos y revistas en las capitales mexicana y salvadoreña. Sus escritos han sido difundidos por numerosas publicaciones periódicas de Hispanoamérica, entre las que se encuentran el diario La opinión (Los Ángeles, California), las revistas Tendencias y Cultura (San Salvador, El Salvador), el periódico semanal Journal do Pais y Cuadernos del tercer mundo (Río de Janeiro), los diarios El día y Excélsior (México), las revistas Proceso, Casa del tiempo, Plural, Límite sur, Estrategia y La brújula en el bolsillo (México).
Residente por algunos meses en España, después de esa estancia dio a conocer sus obras, entre ellas La diabla en el espejo (novela, Barcelona, Casiopea, 2000) finalista del premio internacional "Rómulo Gallegos", en su edición del año 2001.
Con El asco Castellanos Moya logró una repercusión internacional. Es una novela que realiza un homenaje a los personajes de Thomas Bernhard que incluso logró impresionar al traductor al español del escritor austríaco. Se publicó en 1997 y ya lleva siete ediciones en El Salvador, en donde se convirtió en el libro de culto de los últimos años, pasando de mano en mano.
Sus relatos han sido traducidos e incluidos en antologías en Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, El Salvador y Costa Rica. Residente en la capital mexicana, trabaja en la actualidad como editor en jefe de la revista política Milenio semanal.
Definido por Roberto Bolaño como un "melancólico que escribe como si viviera en el fondo de alguno de los muchos volcanes de su país", El Salvador, Horacio Castellanos Moya es una de las voces más provocadoras y originales de la literatura centroamericana de posguerra. Su obra es una exploración crítica de la temática y retórica de la violencia. La gratuidad del crimen, los abusos de la derecha y de la izquierda, el deterioro de las utopías revolucionarias y el desencanto de los que lucharon por ellas, son algunos de los motivos que aparecen en sus historias, en las que hace gala de un estilo depurado, nervioso y contundente. Un eficaz uso del monólogo y del lenguaje coloquial son dos de los rasgos más característicos de su escritura.
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OBRAS
Desmoronamiento 2006
Donde no estén ustedes 2004
Insentatez 2004
El arma en el hombre 2001
La diabla en el espejo 1999
El asco. Thomas Bernhard en El Salvador 1997
El pozo en el pecho 1997
Baile con serpientes 1996
Con la congoja de la pasada tormenta 1995
El gran masturbador 1993
Recuento de incertidumbres: Cultura y transición en El Salvador 1993
Perfil de prófugo 1989
La diáspora 1988
¿Qué signo es usted, niña Berta? 1988
La margarita emocionante. Antología de la poesía salvadoreña 1979
Poemas 1978
Desmoronamiento 2006
El odio y el rencor son como una hoguera: si se la alimenta, lo consume todo hasta el desmoronamiento. Así de poderosos son los sentimientos de doña Lena hacia su esposo, don Erasmo Mira Brossa, abogado y presidente del Partido Nacional hondureño, y hacia su única hija, Teti. Para espanto de doña Lena, acostumbrada a codearse con la clase alta hondureña, Teti se casa con Clemente, divorciado, más de veinte años mayor que ella y para colmo «comunista» salvadoreño. La situación familiar es insostenible y Teti se marcha a El Salvador con Clemente y el hijo de ambos, Eri. Corre el año 1969 y la guerra entre Honduras y El Salvador pone al límite la relación de doña Lena con su hija, quien a pesar de las amenazas de su atormentada madre, ya nunca volverá a vivir en su país de origen, ni siquiera después de la trágica y misteriosa muerte de su marido.
Con la escritura vigorosa que lo caracteriza, el escritor Horacio Castellanos Moya sume a los lectores en el torbellino de sentimientos encontrados en el que se debaten los protagonistas de esta novela. Emplea para ello varios registros, desde el diálogo mordaz hasta la epístola, pasando por el monólogo interior, y brinda al lector la posibilidad de aproximarse a las complejas relaciones entre los personajes y a la realidad en la que viven desde inesperados puntos de vista.
Desmoronamiento es, en suma, una obra que no deja indiferente y que sacude al lector por la violencia generada tras años de resentimiento
Donde no estén ustedes 2004
Autor de las celebradas novelas El arma en el hombre (Andanzas 457) y Baile con serpientes (aparecida originariamente en El Salvador en 1966 y rescatada por Tusquets Editores México en 2002), Horacio Castellanos Moya presenta su nueva obra, Donde no estén ustedes, una novela en la que este escritor —considerado uno de los más brillantes de la actual literatura en lengua española— despliega su maestría y sus ya demostradas dotes como narrador.
Después de recorrer tres países en menos de dos días, Alberto Aragón llega a la ciudad de México. Partió de San Salvador la madrugada del 2 de junio de 1994, a las pocas horas de la toma de posesión del primer gobierno de posguerra, renunciando a «un país que regresaba a las pezuñas de la derecha troglodita santificada en elecciones». En la ciudad de México, le espera una cita con una joven mexicana, cuarenta años menor que él. Alberto Aragón quiere rehacer su vida, marcada por el alcoholismo, la vejez y los fracasos políticos y amorosos: es el último viaje de este ex embajador de El Salvador en Nicaragua, representante e intermediario de diversas fuerzas de izquierda en el proceso de pacificación de su país. Sin embargo, en México, muere tras una profunda crisis, varios encuentros alucinantes y un desolado deambular por cantinas. Su muerte de expatriado abre incógnitas que sus amigos quieren aclarar. Cobra así relieve José Pindonga —detective centroamericano acosado por sus propios demonios—, quien se traslada de San Salvador a la ciudad de México para investigar los altibajos y secretos de una vida que es, a su vez, eco de una historia entreverada de política, amor y traición.
Insentatez 2004
Sin prever cuánto cambiará su vida, el personaje que cuenta esta novela acepta un encargo que descubre agobiante y riesgoso: integrar la versión final de un informe que consigna el genocidio padecido por pueblos indígenas de un país centroamericano en cuya capital, con el cobijo del arzobispado, el narrador se enfrenta a más de mil cuartillas que en parte reproducen denuncias de sobrevivientes y testigos. Él atisba entonces un horror que le fascina y abruma, pues encuentra en las palabras que lee metáforas, giros y dislocaciones de lenguaje que recrean ante él, vívidamente, masacres y actos de crueldad que resultan indecibles de otro modo.
Al margen de esa tarea, sin embargo, se describe una realidad cotidiana, a ratos frívola, de la que nuestro personaje no es ajeno. Así, en un contrapunto que crece en ritmo e intensidad, acosado por peligros reales o imaginarios, éste reconoce que no hay distancia ni término suficientes para olvidar una violencia que en adelante habrá de ser su obsesión y su infierno.
El arma en el hombre 2001
Tras la calurosa acogida de su publicación por Tusquets México, tenemos el placer de presentar El arma en el hombre al resto del público de lengua española. En esta narración, Horacio Castellanos Moya cuenta la trepidante historia de un personaje «atípico» de la guerra salvadoreña, para el que la violencia, más que necesidad, es un oficio. En el trasfondo de El arma en el hombre encontramos la cruda realidad de las dictaduras y el rastro de dolor que queda en los frentes de batalla.
Los miembros del pelotón lo apodaban Robocop. Mide un metro noventa, pesa casi cien kilos y es uno de los combatientes más feroces. Era sargento en una tropa de asalto, pero cuando concluyó la guerra y se firmaron los acuerdos de paz entre la guerrilla y el gobierno de una nación centroamericana, fue desmovilizado. Las únicas pertenencias que conservó al reintegrase a una supuesta vida civil fueron tres fusiles, ocho granadas de fragmentación, su pistola nueve milímetros y un cheque por tres meses de salario. ¿Qué hacer? Como los débiles no sobreviven, Robocop continuará dedicándose a la única labor para la que ha sido preparado: pelear. Y así se convertirá en miembro de distintas bandas de delincuentes —integradas por ex militares o ex guerrilleros—, que operan como comandos altamente especializados en el marco de una delicada transición política. Bandas en las que las lealtades son apenas provisionales y las traiciones, siempre inminentes
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Baile con serpientes 1996
Un día cualquiera aparece estacionado en la calle una Chevrolet amarillo de los años cincuenta. Lo habita Jacinto Bustillo, un indigente extraño, harapiento, que despierta suspicacias entre los vecinos. Eduardo Sosa decide averiguar quién es y qué quiere. Por paciencia o soledad, el indigente acaba por resignarse a la compañía de Eduardo Sosa y le permite inmiscuirse en la miserable jornada con que se gana la vida. Pero el destino vira en un solo tajo, cuando don Jacinto cae degollado. Un sicótico acaba como heredero del Chevrolet y de sus habitantes: un grupo de serpientes de ojillos helados que, como poseídas por almas en pena, comienzan a contar historias alucinadas de infidelidades, celos y venganzas que escalan hasta el asesinato y el derrumbamiento de vidas enteras. Tres voces –el demenciado líder de las serpientes; Handal, el policía, y la reportera Rita Mena- narran un delirio que repta sobre el delito y se enrosca en un vertiginoso torbellino policiaco y en un frenesí de destrucción que exhibe incluso las débiles y corrompidas bases del Estado.
Perfil de un prófugo
Por Miguel Huezo Mixco
Hoy por hoy, los narradores más interesantes de El Salvador se encuentran en el extranjero. Y entre todos ellos, el que ha probado tener no sólo un estilo y una herramienta lingüística afilada como una podadora, sino también un mundo propio poblado de terribles seres parecidos a él y a la vida misma, es Horacio Castellanos Moya.
¿Dónde se halla este escritor? Es difícil ubicarlo. Este 16 de febrero ha viajado por tren de Madrid a Ginebra, la misma ciudad por donde Dostoievsky pasó hace poco más de ciento treinta años con el alma hecha una ruleta. En el último año, Castellanos Moya ha estado viviendo entre Barcelona y Madrid intentando abrirse un hueco donde ponerse a escribir. Y antes estuvo en Guatemala, trabajando; y también, de paso, en San Salvador, la ciudad a la que no quiere volver a menos que sea irremediable.
Este itinerario ayuda a delinear el perfil que Castellanos bocetó con la publicación en 1987 de su segundo libro de narraciones escrito en la ciudad de México titulado Perfil de prófugo. En ese momento Castellanos estaba descreído de la política y de las ideologías, como de casi todo, cultivaba un perfil mordaz y afilaba sus cuchillos en el difícil arte de la literatura.
Salió de El Salvador a Canadá en 1979. En los siguientes tres años, de Canadá pasó a Tegucigalpa, luego a San José, la capital costarricense, y finalmente a la ciudad de México. Su primera novela, La diáspora, relata algo de lo que él mismo vivió en el esquizofrénico mundo de los revolucionarios centroamericanos en la ciudad de México. Su novela ganó un premio y fue publicada, pero la afrenta hizo ruido y Castellanos ganó afectos y desafectos. A la larga, lo más importante fue el hecho de que con esta novela Castellanos Moya se constituyó en uno de las afluentes indiscutibles de la estética extrema de aquellos años, no tanto por su temática como por su lenguaje y estilo.
Horacio Castellanos ha escrito algunos de sus libros a la manera de algunos autores. Dos son fácilmente distinguibles: el checo Milán Kundera, en La diáspora, y el austríaco Thomas Bernhard, en El asco, que se ha convertido desde hace un año en uno de los más leídos de El Salvador y creo que en uno de los peor tratados en la prensa salvadoreña en los últimos tiempos. La demoledora imagen que presenta de la cultura salvadoreña vista desde los ojos de un emigrado, ha lacerado transversalmente la estereotipada imagen de la identidad nacional, al punto que tras la publicación del libro Castellanos recibió amenazas a muerte, un hecho grave pero no infrecuente en la matonería que impera en la sociedad salvadoreña, donde hasta las contrariedades del tráfico se allanan pistola en mano.
A sus 42 años Castellanos Moya ha construido un mundillo de personajes extraídos de la polucionada jalea de las ciudades latinoamericanas, una picaresca urbana salpicada de violencia, con raíces en el género negro. Hasta 1997 ha publicado siete libros, ente novelas y relatos, que en conjunto transmiten un clima, un lenguaje, y revelan el surgimiento de una personalidad con voz y carácter propios. La mayor de sus deudas, menos evidente por ser más profunda, es sin duda con el uruguayo Juan Carlos Onetti. Pero como todo escritor que se respeta, sabe que el problema no es tener influencias sino saber escoger las de mayor calidad.
Lector voraz, usualmente bien informado, sus intereses van desde la narrativa contemporánea -con predilección por algunos autores norteamericanos (Carver, Pynchon, Brodkey, Auster) y centroeuropeos (Canetti, Roth, Broch y Walser)-, a la literatura clásica, biografías, historia y filosofía. Su biblioteca, fragmentada en las ciudades de San Salvador, México y Madrid, es la de un hombre cultivado y curioso.
Visto desde la mesa de al lado, Castellanos Moya luce como un fanfarrón. Primero porque esta suele ser virtud de bebedores, y Horacio lo es. Pero su fanfarronería proviene más bien de su elocuencia y su prodigiosa memoria para los nombres y los detalles, más que de la jactancia. Su personaje favorito sigue siendo un prófugo sin asidero a suelo o bandera alguna, capaz de pontificar desde una barra.
En esta su pelea personal donde se mezclan el deseo de reconocimiento con la bien fundada convicción de que su trabajo necesita acceder a más lectores y a una crítica más exigente, Castellanos Moya paga sus huidas y los costos de una vida errante, con el trabajo de su pluma, viviendo al centavo. Desde 1994, cuando comenzó un nuevo ciclo de trashumancia, sus posesiones se reducen a una maleta siempre a medio hacer, a la pila de libros que está leyendo, papeles, disquetes, y la terca certeza de que es mejor andarse buscando la vida lejos antes que volver al provincianismo de insípidas vanidades donde, sin embargo, nació como escritor y donde por ahora, en ninguna parte del mundo como aquí, se le reconoce, se le respeta y se le odia, como debe ser.
Cuando el próximo mes de abril algunos de los escritores centroamericanos más importantes concurran a un encuentro con círculos académicos de los Estados Unidos, Castellanos Moya será uno de los grandes ausentes. Aunque fue invitado a las mesas y conferencias que tendrán lugar en las ciudades de Los Angeles y Tempe, sus propias prioridades lo obligan a mantener el ancla echada en la remota Basilea, en la casa de su hermano, talvez hasta la Primavera, de donde volverá a España, nunca sabe por cuánto tiempo, empecinado como un jugador. Sólo deseo que este escritor de pura sangre que ya tiene un nombre y un prestigio de fugitivo irredimible, se entere de lo importante de su testimonio antes de sucumbir a los esplendores del éxito, que a lo mejor han de llegarle, y de una manera que quizás él mismo no se espera.
(San Salvador, 2000)
Encontrado en: http://www.literateworld.com/spanish/2002/escritormes/oct/w01/box9.html
El narrador, ensayista y periodista salvadoreño Horacio Castellanos Moya estudió Letras en la Universidad de El Salvador e Historia en la York University, en Toronto, Canadá. Ha ocupado los cargos de subdirector de la revista Tendencias y de director del semanario Primera Plana.
Castellanos es autor de otras tres novelas, La diáspora, que mereció el Premio Nacional convocado por la Universidad Centroamericana en 1988, Baile con serpientes y La diabla en el espejo y es coautor de los libros El Salvador: Testigos de la guerra y El Salvador: Balance de la guerra.
En México, Castellanos ha sido editor de la revista Voices of México y editor político de la Agencia Latinoamericana de Servicios Especiales de Información. Ha sido articulista de la sección internacional de la revista Proceso, de la sección editorial de La Opinión de Los Ángeles, California; de la sección internacional de El Día y de la sección cultural de Excélsior.
(Encontrado en CNN en español)
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