| Jorge Cornejo: maestro, poeta y crítico de arte
Muerte. Uno más de esos talentos que configuraron la generación comprometida partió de este mundo para unirse, en el otro, a sus viejos camaradas. Falleció el 2 de agosto Publicada 4 de agosto 2005, El Diario de Hoy
Romántico empedernido. El usuluteco de nacimiento siempre entregó sus sentimientos más profundos a las letras.. Rosemarie mixco El Diario de Hoy vida@elsalvador.com
Jorge Cornejo nació para las letras y las letras fueron hechas para él. A ocho décadas de su llegada al mundo, este maestro, poeta y crítico de arte salvadoreño cerró la última página de su vida y entregó su intelecto y espíritu al Creador.
Esa mente repleta de conocimientos y esa actitud voluntariosa de transmitirlos se apagó la noche del pasado martes 2 de agosto, en el Hospital General del Instituto Salvadoreño del Seguro Social, tras semanas de una lenta agonía.
El usuluteco de nacimiento dedicó lo mejor de sí para formar mentes y consciencias en las aulas, y para despertar el interés en ese mundillo cultural que lo atrapó desde muy joven.
No sólo nutrió el movimiento de escritores de la generación comprometida y contribuyó a la reforma educativa de Walter Beneke, también heredó a El Salvador 179 páginas escritas con un análisis muy particular de la pintura salvadoreña.
Orgullo salvadoreño Estudió y creó los lineamientos para entender la pintura.
Amor al color
Su amistad con José Mejía Vides y Mario Escobar marcó el inicio de su pasión por los lienzos. Colección única La galería está constituida por creaciones plásticas en Óleo, acrílico, acuarelas y grabados.
La pinacoteca. Según fuentes cercanas, aún se desconoce el destino de la galería de cuadros que poseía don Jorge.
El último Adiós. La ceremonia de despedida es hoy en la Iglesia El Carmen a las 2:30 p.m.; luego irá a Jardines del Recuerdo. El resultado de años de estudios semánticos, estilísticos, literarios y linguísticos los dejó plasmados en esa edición dedicada a los grandes plásticos del país, la pintura en El Salvador.
Los ojos de don Jorge se deleitaban admirando las obras de arte, mientras su mente realizaba una busqueda cognocitiva, a fin de dar forma a los mensajes implícitos en cada trabajo. Disfrutaba diciendo: “La pintura no está contando un cuento. El pintor tampoco lo cuenta. El que busca eso es el que no sabe de crítica”.
Jamás permitió que su bagaje intelectual impidiera a sus sentidos disfrutar del placer otorgado por las bellas artes. Desde que el destino le concediera disfrutar de la amistad y la sabiduría de José Mejía Vides y Mario Escobar, Jorge Cornejo se hizo de una valiosísima colección.
Las paredes de su casa aún lucen saturadas de creaciones plásticas. Óleos y acrílicos comparten créditos con acuarelas y grabados, técnicas mixtas y pasteles hablan de épocas, momentos, percepciones.
Desde allí, estudió y creó lineamientos para entender a un Salarrué pintor, al pionero Carlos Alberto Imery, al ingenioso distorsionador que fue Toño Salazar, a Raúl Elas Reyes, al maestro Camilo Minero, al crítico Carlos Cañas o al lírico Salvador Llort.
Sus discursos abarcaron todas las corrientes que pintaron el siglo XX de El Salvador. Nadie se le escapó.
El crítico también escribió poesía. Era un romántico empedernido y, como tal, entregaba sus sentimientos más profundos a las letras.
Letras que hoy se agrupan y distribuyen para hablar un poco de Jorge Cornejo, una milésima parte de lo que él fue y significó para la cultura nacional. Honor a quien honor merece.
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OBRAS SI LLEGARA A PERDERTE ¡Ay... si llegara a perderte! Supongamos, amiga, por algo inevitable o bien por un motivo baladí, si llegara a perderte definitivamente; por ejemplo, esta tarde esta tarde en que amamos sin reservas hasta las cosas simples de la tierra,
Ay, amiga, si llegara a perderte, si a mi lado te tornaras espuma en el largo lamento por donde no camina la esperanza, se hundiría mi canto de auroras prometidas. Pero por sobre todo: ¿Qué palabra, que llama inagotable llenaría de impulso mi anhelo abierto al viento? ¿Qué sonrisa de total transparencia le pondría otras alas a mi pecho? Ay, la ardentía de lucha que sostiene el torrente de mi sangre. Si llegara a perderte... ¿En qué oscuro subsuelo crecerían mis manos arañando silencias? Lo digo porque ahora tenemos más amor repartido y un poco menos tierra para sembrar el canto de la patria.
Querida, aunque nos echen lodo en la sonrisa y con golpes de piedra nos maltraten el alma, no podrán derribarnos la esperanza ni obligar nuestras voces a dejar intocadas las herencias del llanto. Si llegara a perderte: (es tan solo un decir) perdóname estas cosas tan absurdas, pues también cuando se ama de manera indecible, pensamientos amargos nos perturban los sueño
HOY DUELE SONREIR No me pidas, amada, que sonría. No basta el rumbo de una sola dicha para cambiar definitivamente, todo el rostro reseco de estos pueblos.
No quieras que te cante, yo tengo la palabra tosca de tanto enarbolar los puños, desde un tiempo disperso.
Si sólo tú estuvieras apoyada en la vigília de mi amor terrestre; sí solo tú, apacible, crecieras en mis ojos sí sólo tu sollozo agitara el latido de mi sangre; encendería el verso en alboradas lentas. Pero junto a mis manos sometidas al trigo petrificadas hay millares de manos de millares de níños empujando mis sueños,
Mujer, mi gran amiga, hay junto al rictus sombrío de mí boca tu dulce boca triste y todos los dolores y llantos. No me pidas, amada, que sonría, yo sé que tú quisieras canciones de rocío madurándote el sexo; yo sé que tú quisieras tenderte sobre el musgo y allí elevar mis hijos al rumorar de un río. Aspiras a la orilla del mar, del viento, de las estaciones florecidas buscando mí poema de amor para embriagarte y te llenas el pecho de mi voz dolorosa. Pero te digo, amada, que debes alegrarte de perpetuar mi angustia te digo que te vistas tus rosas y tu luna, porque en mi corazón abofeteado cabe aún la esperanza.
JUNTO A LA PATRIA MÍA Yo te quiero a mi lado entonando los sones de un himno; germinando el maíz con tus manos, y en la rueca del sueño retorciendo la cálida lana.
Yo te quiero a mi lado, jubilosa, ayudándome a salvar esta patria hundida hasta las sienes; te quiero infatigable empuñando el anhelo de las vindicaciones.
Que las nuevas mañanas la llenen de ardentía, y en la repartición del canto sea el amor barbecho en cereal esperanza frutecido!
Te quiero ancha de besos con un vasto regazo en sayal extendido para todos los niños.
¡Ay, mi única! Reparte tu sonrisa en telúrico abrazo a los hijos anónimos, que hallaron asfixiada la alegría en el túnel batracio del lamento.
Yo te quiero a mi lado total y repartida en la paz inviolada y el amor redimido; yo te quiero en el nombre de la patria futura definitivamente mía.
ESTAR AQUÍ
Estar aquí en presencia de amor definitivo, en cereal repartido; crecer en sangre nueva y fecundada y ser en la espiral del fruto la cabal esperanza de la tierra. Estar aquí y encontrar necesarios nuestros sueños; en la paz realizada, congregando simientes y banderas, y en el beso sellado en nuestros hijos perennizar la alianza con la rosa. que un pan cadeal de maíz o de trigo (siempre será lo mismo) manos sin ataduras multipliquen con los diarios aceites que consuman los mitos legendarios.
Mujer, mi compañera en el rescate de la absoluta aurora, del corazón perpetuo, y del saber sincero de sal liberada.
Estar aquí y en la hora de las manos unidas saber que el hombre canta.
TÚ, EL PUEBLO Y LA POESÍA Nosotros dos, amiga, mi íntima en el tiempo, podemos saludar a la luz del alba; cercar la primavera con los brazos. Podemos tener sueños hermosísimos, podemos sonreir llenos de júbilo, y hasta cantar un poco cuando llegue el invierno.
En verdad mi pequeña, nostros dos tenemos el amor y la vida. Tenemos la esperanza sobre las hojas muertas del otoño. Y ya verás, hermana, podremos repartir a manos llenas verso a verso la poesía; para que nadie enlode su grito y su palabra, para que nadie llore, para que nadie caiga más hondo que el lamento.
Nosotros dos, amiga, podemos ayudar en la resurreción de la alegría, dejar alta la noche en los luceros y abrir puertas al día con la llave del canto.
Querida, nosotros dos tenemos un claro testimonio de poesía.
POEMA DE LA ESPERANZA Yo no quisiera, amor, la fe caída, pero si alguien violentamente nos empuja el corazón en la amargura levantemos el canto que nos llena.
Te aseguro, mujer, que nos acechan para hacernos caer de la esperanza como dos niños sólos en el llanto.
Te aseguro, mujer, que nos persiguen, que nos buscan la voz para ahogarnos porque le tienen miedo a nuestra dicha. Prohibido sonreir, tener ancha la risa, y si acaso intentamos desayunar tranquilamente unos cuantos claveles te aseguro, mujer, que nos destierran: y los diarios locales (órdenes superiores) a grandes titulares dirán que se salvó la patria.
Yo no quisiera, amor, la fe caída, pero le tienen miedo a la sonrisa y nos quieren atar el alma entera.
Enarbolar la fe, tener muy alta la esperanza está contra la ley, está contra el derecho, porque le tienen miedo a la alegría.
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