COMISIÓN CÍVICA DEMOCRÁTICA

"NO SOMOS POLITICOS, SOMOS PUEBLO HACIENDO POLITICA"
HOME
EDITORIAL
2da CUMBRE INTERNACIONAL
2nd INTERNATIONAL SUMMIT
ARTICULOS DE PRENSA
PLAN DE GOBIERNO 14-19
DERECHO AL VOTO
DIASPORA
LA PAGINA INTELECTUAL
HISTORIA DE EL SALVADOR
CIUDADES DE EL SALVADOR
PRESIDENTES DE EL SALVADOR
QUIENES SOMOS
CONTACTENOS
CONSTITUCION DE LA REPUBLICA
ESCUDO NACIONAL
BANDERA NACIONAL
HIMNO NACIONAL
ORACION A LA BANDERA
FLOR NACIONAL
ARBOLES NACIONALES
AVE NACIONAL
PROCERES SALVADORENOS
MARTIRES Y HEROES
GUERRA CIVIL 1980-1992
ACUERDOS DE PAZ
MITOS Y LEYENDAS PIPILES
FOLCLORE NACIONAL
RADIOS,TV,PRENSA ENLINEA
DICCIONARIO CALICHE
Mapa del sitio
SALVADOREÑOS NOTABLES
SELECCION NACIONAL
CARTAS A PRESIDENTES CA

WALTER MONGE-CRUZ

Secretario General CCD 

       


AYUDANOS A MANTENER Y MEJORAR EL SITIO, HAZ UNA DONACIÓN
 

 

MARTIRES 

 

Pause Stop Previous Next View full-sized photos

 

 

Monseñor Óscar Arnulfo Romero y Galdámez      

 
Óscar Arnulfo Romero y Galdámez (Ciudad Barrios, El Salvador, 15 de agosto de 1917 – San Salvador, El Salvador, 24 de marzo de 1980) conocido como Monseñor Romero,[1] fue un sacerdote católico salvadoreño, cuarto arzobispo metropolitano de San Salvador (1977-1980). Él se volvió célebre por su predicación en defensa de los derechos humanos y murió asesinado en el ejercicio de su ministerio pastoral.

Como arzobispo, denunció en sus homilías dominicales numerosas violaciones de los derechos humanos y manifestó públicamente su solidaridad hacia las víctimas de la violencia política de su país.[2] Su asesinato provocó la protesta internacional en demanda del respeto a los derechos humanos en El Salvador. Dentro de la Iglesia Católica se le consideró un obispo que defendía la "opción preferencial por los pobres". En una de sus homilías, Monseñor Romero afirmó: "La misión de la Iglesia es identificarse con los pobres, así la Iglesia encuentra su salvación." (11 de noviembre de 1977)

En 1994, una causa para su canonización fue abierta por su sucesor Arturo Rivera y Damas; Monseñor Romero recibió el título de Siervo de Dios.[3] El proceso de canonización continúa. En Latinoamérica muchos se refieren a él como San Romero de América.[4] Fuera de la Iglesia Católica, Romero es honrado por otras denominaciones religiosas de la cristiandad[5], incluyendo a la Comunión Anglicana.[6][7] Él es uno de los diez mártires del siglo XX representados en las estatuas de la Abadía de Westminster, en Londres.

 

Óscar A. Romero nació el 15 de agosto de 1917 en Ciudad Barrios, en el departamento de San Miguel (El Salvador). Era el segundo de 8 hermanos, hijos del matrimonio formada por el telegrafista y empleado de correos, Santos Romero y Guadalupe Galdámez.[1] Fue bautizado, el 11 de mayo de 1919, en la iglesia parroquial de su ciudad natal. Desde niño tuvo una salud muy frágil, fue retraído y callado. En la escuela pública donde estudió, él destacó en materias humanísticas más que en matemáticas. Él practicó desde su infancia, la oración nocturna y la veneración al Inmaculado Corazón de María.

En 1930, a la edad de 13 años ingresó al seminario menor de San Miguel, que era dirigido por sacerdotes claretianos, posteriormente, en 1937 ingresó en el Seminario de San José de la Montaña, en San Salvador;[1] ese mismo año, viajó a Roma donde continúo sus estudios de teología en el Colegio Pío Latinoamericano (actual Universidad Gregoriana), hasta que llegó a ser ordenado sacerdote, el 4 de abril de 1942, a la edad de 24 años. [9] En Roma fue alumno de monseñor Giovanni Batista Montini, (futuro papa Pablo VI).

Regresó a El Salvador en 1943 siendo nombrado párroco de la ciudad de Anamorós, en La Unión; después fue enviado a la ciudad de San Miguel donde sirvió como párroco en la Catedral de Nuestra Señora de La Paz y como secretario del Obispo diocesano, monseñor Miguel Ángel Machado.

Posteriormente fue nombrado secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador en 1968. El 21 de abril de 1970, el papa Pablo VI lo designa Obispo Auxiliar de San Salvador, recibiendo la consagración episcopal, el 21 de junio de 1970, de manos del nuncio apostólico Girolamo Prigrione.[9] El 15 de octubre de 1974, fue nombrado obispo de la diócesis de Santiago de María, en el departamento de Usulután, ocupó esa sede durante dos años.[9] El 3 de febrero de 1977, es nombrado por el Papa Pablo VI, como Arzobispo de San Salvador, para suceder a Monseñor Luis Chávez y González.[9]

Muchos sacerdotes y laicos de la arquidiócesis, sintieron extrañeza ante su nombramiento, pues preferían para el cargo a Mons. Arturo Rivera y Damas, obispo auxiliar de Mons. Chávez.[10] Algunos consideraron a Romero como el candidato de los sectores conservadores[11] que deseaban contener a los sectores de la Iglesia arquidiocesana que defendían la “opción preferencial por los pobres” (conocidos como clero medellinista).

El 10 de febrero de 1977 en una entrevista que le realizó el periódico La Prensa Gráfica, el arzobispo designado afirmó que:

El gobierno no debe tomar al sacerdote que se pronuncia por la justicia social como un político o elemento subversivo, cuando éste está cumpliendo su misión en la política de bien común.


El 20 de febrero, mientras la arquidiócesis se preparaba para la toma de posesión del nuevo arzobispo, el país celebraba elecciones presidenciales. Luego de los comicios, el 26 de febrero, el Consejo Central de Elecciones, declaró vencedor al general Carlos Humberto Romero, candidato del Partido de Conciliación Nacional, (en el poder desde 1962). Las fuerzas opositoras denunciaron un fraude electoral de grandes proporciones y convocaron a una concentración popular en la Plaza Libertad de San Salvador. El 28 de febrero, las fuerzas de seguridad gubernamentales disolvieron violentamente esta concentración popular, con un saldo de decenas de muertos y desaparecidos

Durante la semana anterior a la toma de posesión de Mons. Romero como arzobispo, el gobierno del presidente Arturo Armando Molina, arrestó y expulsó del territorio salvadoreño a los sacerdotes Bernard Survill (norteamericano) y Willibrord Denaux (belga), miembros del clero arquidiocesano. Tres semanas antes, a finales de enero, había sido arrestado y expulsado del país, el sacerdote colombiano Mario Bernal.

El 22 de febrero, Mons. Romero tomó posesión del cargo de Arzobispo de San Salvador, en una ceremonia sencilla celebrada en la capilla del Seminario Mayor de San José de la Montaña, a la que asistieron el nuncio apostólico, Mons. Emmanuelle Gerada y los demás obispos de El Salvador. Ese mismo día, el gobierno anunció que varios religiosos que se hallaban fuera del país, entre ellos, el español Benigno Fernández S. J. y el nicaragüense Juan Ramón Vega Mantilla, no debían regresar.

El 5 de marzo durante una asamblea especial de los obispos, se eligió a Mons. Romero como vicepresidente de la Conferencia Episcopal de El Salvador y se preparó un comunicado para denunciar la persecución de la Iglesia en el país.

El 12 de marzo de 1977, el P. Rutilio Grande, S. J., amigo intimo de Mons. Romero fue asesinado en la ciudad de Aguilares junto con dos campesinos. Grande llevaba cuatro años al frente de la parroquia de Aguilares, donde había promovido la creación de comunidades cristianas de base y la organización de los campesinos de la zona. El propio presidente de la República informó a Mons. Romero sobre la muerte de Grande, prometiendo una investigación sobre los hechos. El arzobispo reaccionó a este asesinato convocando a una misa única, para mostrar la unidad de su clero. Esta misa se celebró el 20 de marzo, en la plaza Barrios de San Salvador, a pesar de la oposición del nuncio apostólico y de otros obispos


1978-1979 Él comenzó a cambiar su predicación y pasó a defender los derechos de los desprotegidos. Monseñor Romero denunció en sus homilías, los atropellos contra los derechos de los campesinos, de los obreros, de sus sacerdotes, y de todas las personas que recurrieran a él, en el contexto de violencia y represión militar que vivía el país. En sus homilías posteriores a la muerte de Rutilio Grande, recurre sin temor a los textos de la Conferencia de Medellín, y pide una mayor justicia en la sociedad. Durante los tres años siguientes, sus homilías, transmitidas por la Radio diocesana YSAX denuncian la violencia tanto del gobierno militar como de los grupos armados de izquierda. Señala especialmente hechos violentos como los asesinatos cometidos por escuadrones de la muerte y la desaparición forzada de personas, cometida por los cuerpos de seguridad. En agosto de 1978, publica una carta pastoral donde afirma el derecho del pueblo a la organización y al reclamo pacífico de sus derechos.

En octubre de 1979, recibe con cierta esperanza, las promesas del nuevo gobierno de la Junta Revolucionaria de Gobierno, pero con el transcurso de las semanas, vuelve a denunciar nuevos hechos de represión realizados por los cuerpos de seguridad.

Un día antes de su muerte hizo un enérgico llamamiento al ejército salvadoreño:

"Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto, a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles... Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: "No matar". Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión."

El día lunes 24 de marzo de 1980 fue asesinado cuando oficiaba una misa en la capilla del hospital de La Divina Providencia, en la colonia Miramonte de San Salvador. Un disparo hecho por un francotirador impacto en su corazón, en el preciso momento de la eucaristía. Al ser asesinado, tenía 62 años de edad. Sus restos mortales descansan en la cripta de la Catedral de San Salvador. En 1993 la Comisión de la Verdad, organismo creado por los Acuerdos de Paz de Chapultepec para investigar los crímenes más graves cometidos en la guerra civil salvadoreña, concluyo que el asesinato de Monseñor Oscar Romero había sido ejecutado por un escuadrón de la muerte formado por civiles y militares de ultraderecha y dirigidos por el mayor Roberto d'Aubuisson, (fundador del Partido ultra conservador ARENA) y el capitán Álvaro Saravia. D'Aubuisson, que murió en 1992, siempre rechazó su vinculación al hecho. En 2004, una corte de los Estados Unidos, declaró civilmente responsable del crimen al capitán Saravia y le impuso la obligación de pagar una indemnización a la familia de Monseñor Romero.

El 12 de mayo de 1994 la Arquidiócesis de San Salvador pide permiso a la Santa Sede para iniciar el proceso de canonización. El proceso diocesano concluye en 1995 y el expediente es enviado a la Congregación para la Causa de los Santos, en el Vaticano, quien en 2000 se lo trasfiere a la Congregación para la Doctrina de la Fe (en ese entonces dirigida por el cardenal alemán Joseph Ratzinger, futuro Papa Benedicto XVI) para que analice concienzudamente los escritos y homilías de monseñor Romero. Una vez terminado dicho análisis, en 2005 el postulador de la causa de canonización, monseñor Vicenzo Paglia, informa a los medios de comunicación de las conclusiones del estudio: “Romero no era un obispo revolucionario, sino un hombre de la Iglesia, del Evangelio y de los pobres”. El proceso seguirá nuevos trámites, que si son superados, podrían acercar la fecha en que Óscar Arnulfo Romero sea elevado a los altares como el primer santo y mártir de El Salvador.

Romero fue símbolo de unión con los pobres durante la guerra en El Salvador (1980-1992). Actualmente es considerado como un símbolo por distintas comunidades hispanas, y de otras partes del mundo.

Él es ya considerado por muchos como "San Romero, Mártir de las Américas".

La película Romero, realizada en 1989, está basada en su biografía. Con guión escrito por John Sacret Young y siendo Raúl Julia la estrella principal, representando a Monseñor Oscar Romero.

La canción "El padre Antonio y su monaguillo Andrés", de Rubén Blades, narra la historia de un sacerdote centroamericano asesinado durante la misa, como un homenaje a "un cura bueno: Arnulfo Romero".

Citas

 

"Y si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño."
"La Iglesia no debe meterse en política, pero cuando la política toca el altar de la Iglesia. ¡A la Iglesia le toca defender su altar!"

 


AYUDANOS A MANTENER Y MEJORAR EL SITIO, HAZ UNA DONACIÓN
 

  HEROES

 

 

             

 

Pause Stop Previous Next View full-sized photos
 

 

 Tcnel. Domingo Monterrosa Barrios

 

Durante la agresión del marxismo-leninismo contra El Salvador, la institución castrense se cubrió de gloria. No era la primera vez; pero en esta ocasión el ataque comunista fue más sofisticado. Superó la crueldad y la destrucción.
Nuestra Fuerza Armada desde sus inicios en 1824, nació con gallardía. Su mismo nombre denotó emancipación: LEGION DE LA LIBERTAD, DEL ESTADO DE SAN SALVADOR. Su primer comandante fue un hombre comprometido con la grandeza nacional: el General Manuel José Arce.

Cada vez que la Patria estuvo amenazada se peleó y venció al enemigo. En la década de los años ochenta también se luchó con valentía para salvar el honor nacional.

La historia de aquellos hombres y mujeres que en este conflicto -producto de la ambición de las potencias por manipular a las naciones pequeñas- cayeron bajo el fuego traicionero de los terroristas, es el objeto de este acápite. Cual un relicario, estas preciosas vidas deban ser tomadas en cuenta para ejemplo de las generaciones venideras; ya que, parafraseando a Meléndez Pelayo “pueblo que no conoce su historia, es pueblo condenado a irrevocable muerte...”.

 

He aquí pues, breves biografías de algunos Héroes de la Fuerza Armada de El Salvador.

Héroes de Joateca

El martes 23 de octubre de 1984, el cielo cuzcatleco se vistió con crespones negros... Un grupo de sus mejores hijos, cayeron en defensa de los altos intereses de la patria.

El helicóptero en que viajaban, después de una demoledora operación militar que había limpiado el área norte de Morazán, estalló en pleno vuelo, víctima de una bomba colocada, traicioneramente, en el interior del aparato por mercenarios al servicio de las fuerzas terrorista del FMLN.

En su interior viajaban oficiales –además de tropa y civiles, de quienes se habla en un acápite anterior- a los cuales nos referiremos en esta ocasión.

El 24 de octubre de 1984, la Asamblea Legislativa, en sesión plenaria y extraordinaria, haciendo eco del sentimiento del pueblo salvadoreño por la pérdida de estos Héroes, decretó tres días de duelo nacional, en demostración de pesar por la trágica muerte de esos valerosos soldados de la Patria.

Datos Biográficos

Nació en Berlín, Usulután, el 4 de agosto de 1940. Ascendió a Sub-Teniente el 12 de noviembre de 1963 y a Teniente Coronel el 31 de diciembre de 1980.

El Gobierno de Chile le otorgó la medalla “Bernardo O`Higgins” por haber obtenido las más altas calificaciones en las virtudes inherentes a la profesión de las armas. Pertenecía a la promoción egresada en 1963, de la Escuela Militar.

Entre sus muchas cualidades militares son reconocidas las que lo identificaron como un oficial que siempre estuvo al lado de sus tropas, humano, afable, solidario. Mantuvo siempre muy en alto la moral combativa de sus unidades, valiéndole el respeto y confianza de sus compañeros de armas y jefes.

Fue uno de los primeros comandantes del famoso Batallón de Paracaidistas que inició operaciones como parte de la Fuerza Aérea Salvadoreña, Monterrosa estableció como “Calentamiento” a los soldados bajo su mando, un trote de la Fuerza Aérea hacia el local donde estuvo el Hotel San Salvador, ida y vuelta, con el fusil de equipo. Monterrosa iba al frente y a la par el famoso perro “Huragán”, que por muchos años fue su compañero inseparable. Huragán murió en un accidente, al no abrirse su paracaídas en Amatecampo, hace muchos años.

Una de las anécdotas significativas de la heterogeneidad del coronel Monterrosa, es la narrada en la edición del 31 de diciembre de 1983 de “El Diario de Hoy”, en la cual se dice que habiéndole ocurrido el momento del parto a una joven mujer llamada Ana del Carmen Portillo Guevara, de 24 años, quien viajaba con él en un helicóptero procedente de Ciudad Barrios hacia San Miguel, el coronel se ofreció para asistirla, habiendo dado a luz una hermosa niña.

En el campo militar, entre sus cargos desempeñados se encuentran: comandante del Escuadrón Aerotransportado de la Fuerza Aérea, Director de la Escuela de Policía, Profesor Militar, Sub-Director General de la Policía Nacional, comandante del Batallón de Infantería de Reacción Inmediata ATLACATL y comandante de la Tercera Brigada de Infantería de San Miguel, cargo que desempeñaba al momento de la tragedia.

Realizó misiones oficiales en China Nacionalista, Estados Unidos, Argentina y Uruguay.

Es justo consignar que durante la Guerra con Honduras en defensa de los Derechos Humanos, en Julio de 1969, siendo Teniente, se desempeñó como comandante de la Quinta Compañía de las Fuerzas Expedicionarias de la Guardia Nacional, que ingresaron a territorio hondureño, conquistando Plan El Ranchón y Llano Largo, en el Departamento de Ocotepeque, mostrando siempre un extraordinario arrojo.

En San Miguel, su último destino, el día 26 de octubre de 1984, fecha de su sepelio, como una manifestación de pesar y solidaridad por la irreparable pérdida, la sociedad de esa ciudad decidió cerrar sus puertas bajo la coordinación del Comité Cívico Local; además, hubo una concentración frente a Catedral y una misa por el descanso del alma de apreciado jefe militar, que tan gratos recuerdos dejó entre todos los migueleños.


AYUDANOS A MANTENER Y MEJORAR EL SITIO, HAZ UNA DONACIÓN
 

 Agustín Farabundo Martí 

 

     

Pause Stop Previous Next View full-sized photos

 

 

    

 

 

La distribución balsamera de El Salvador comprende una faja de terreno llamada "Cordillera del Bálsamo", que se extiende entre los puertos de Acajutla y La Libertad en la llamada Cadena Costera, internándose hacia la cuidad de Apaneca, aproximadamente unos 20 kilómetros de la costa principalmente en el departamentos de La Libertad y Sonsonate. Los municipios conocidos como principales productores de bálsamo de primera clase son San Julián, Santa Isabel Ishuatán, Cuisnahuat, Izalco, Chiltiupán y Teotepeque. Precisamente en Teotepeque, La Libertad, nació, el 5 de mayo de 1893 Agustín Farabundo Martí.

Hijo de Pedro Marti y Socorro Rodríguez. Sexto hijo de un total de 14, Agustín creció en medio de las faenas agrícolas. Se recibe de bachiller en 1913, a los 20 años de edad de un colegio salesiano e ingresa a la Universidad Nacional en la carrera de Jurisprudencia y Ciencias Sociales.

Sus primeras acciones políticas lo ubican trabajando contra el régimen oligárquico de las familias Meléndez-Quiñónez, dinastía que gobernará El Salvador por cruentos 14 años. Por organizar un acto en apoyo a la Asociación de Estudiantes Unionistas, grupo guatemalteco que exigía el fin de la dictadura de Estrada Cabrera en ese país, es encarcelado en Zacatecoluca. En 1920 es deportado a Guatemala y allí continua sus estudios en la Universidad de San Carlos.

En Guatemala estudia y trabaja. Como simple obrero, jornalero o peón, aprende a compartir el sufrimiento de los explotados. En un país, donde la mayoría de la población es indígena, Martí se compromete con sus luchas e incorpora conocimientos de la lengua quiche. Siendo perseguido por los dueños de las plantaciones de café, Farabundo debe partir temporariamente a México, donde se relaciona con el movimiento obrero y estudia la revolución agrarista de 1910.

En 1925, se funda en Guatemala el Partido Comunista Centroamericano. El surgimiento del partido tuvo su origen en el interés de intelectuales y obreros guatemaltecos en dar continuidad al primer movimiento político de izquierda que se inició en la década de 1920, el cual fue vital para la caída del dictador Manuel Estrada Cabrera. El gobierno dictatorial de Jorge Ubico se encargó de aplastar la organización; no obstante, se puede considerar la primera manifestación de la clase obrera por lograr su organización política. Martí ocupó allí el cargo de secretario del exterior del Partido Comunista Centroamericano..

Es deportado a El Salvador, y de El Salvador a Nicaragua por ordenes del presidente Alfonso Quiñónez. A los pocos días regresa clandestinamente a El Salvador a seguir organizando a los trabajadores. Desde 1925 hasta 1928 Martí trabaja junto a la Federación Regional de Trabajadores de El Salvador.

En 1928 Marti viaja a New York, donde toma contacto con la dirección central de la Liga Antiimperialista de las Américas, que le encargará viajar a Nicaragua como su representante ante Augusto César Sandino. De los Estados Unidos partirá hacia Las Segovias a luchar junto al "General de Hombres Libres", con él, alcanza el grado de coronel del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional. Farabundo Martí mostró en los hechos su arrojo antiimperialista, tanto con el fusil como con la pluma. Fue miembro del Estado Mayor Internacional de Sandino, y Secretario Privado del héroe nicaragüense. En ocasión que los invasores yanquis bombardeaban persistentemente las posiciones sandinistas, Martí, en actitud de coraje y decisión, dejó la máquina de escribir para empuñar el fusil, diciendo indignado: "cuando la historia no se puede escribir con la pluma, se escribe con el rifle". Acto seguido se parapetó en la enramada de un árbol de la selva para abrir fuego contra los aviones yanquis.

Tiempo más tarde, ya en México, Martí pasa a ser líder latinoamericano del Socorro Rojo Internacional. Esta organización había nacido en los años veinte por impulso de la III Internacional para enfrentar al fascismo entonces incipiente. Entre sus dirigentes formaron parte mujeres antifascistas tan conocidas como la alemana Clara Zetkin, la italiana Tina Modotti y la rusa Elena Stasova. El Socorro Rojo Internacional entronca, entonces, directamente con la historia del movimiento comunista y antifascista internacional, alcanzando pronto un gran desarrollo en todo el mundo, en el apoyo político, jurídico y económico a todos los presos políticos y perseguidos, sin diferencias ideológicas o partidistas.

En 1930 Martí regresa a El Salvador y funda junto a otros compañeros el Partido Comunista Salvadoreño, partido que rápidamente se pone a la cabeza de los trabajadores y campesinos, descontentos con los regímenes oligárquicos de entonces. Sufriendo deportaciones y persecuciones Farabundo liderizará la insurrección popular de 1932.


Aquel año, El Salvador presenta una administración corrupta, una sociedad en crisis, un pueblo descontento y una economía casi en quiebra, derivada de los bajos precios internacionales del café y de los efectos de la Gran Depresión estadounidense de 1929. El 2 de diciembre de 1931, el corrupto e incapaz régimen del Partido Laborista, encabezado por el ingeniero Araujo, fue derrocado para asumir la presidencia el dictador Maximiliano Hernández Martínez, quien lo detentará por espacio de trece años, hasta mayo de 1944.

Los comicios fraudulentos de enero del ’32 fueron el factor detonante del estallido social. Varios sitios de votación fueron suspendidos en poblaciones en las que el Partido Comunista tenía fuerte presencia. La insurrección comenzaba.

Los días 18 y 19 se produjeron frustrados asaltos al Cuartel de Caballería por las fuerzas insurrectas. El gobierno decreta el Estado de Sitio y la ley marcial. Se implanta la censura estricta en la prensa.

Los siguientes días los alzamientos y combates se suceden en todo El Salvador. Miles de campesinos, obreros y trabajadores, portando machetes y algunos pocos fusiles "Mauser" asaltan cuarteles, guarniciones policiales, oficinas municipales, telégrafos, almacenes y fincas de terratenientes.

Las "tartamudas" del Ejército y la Guardia Nacional no se hacen esperar. Entre los días 24 y 25, las fuerzas militares gubernamentales entran en Nahuizalco, Juayúa, Ahuachapán y Tacuba. Mientras tanto, los norteamericanos e ingleses movilizaban buques de guerra para prestar apoyo al general Hernández Martínez; proponiéndole un desembarco de tropas en La Libertad para ayudar en la represión. Con toda la soberbia del dictador sanguinario, Hernández Martínez, una vez que se cerciora del éxito de las "Operaciones de Pacificación", envia a los almirantes yanquis e ingleses un telegrama que con el siguiente texto:
"En saludo a honorables comandantes declaramos situación absolutamente dominada fuerzas gobierno El Salvador. Garantizadas vidas propiedades ciudadanos extranjeros acogidos y respetuosos leyes de la República. La paz está establecida en El Salvador. Ofensiva comunista deshechada sus formidables núcleos dispersos. Hasta hoy cuarto día de operaciones están liquidados cuatro mil ochocientos comunistas".

La insurrección había sido barrida a sangre y fuego. El 31 de enero, un consejo de guerra presidido por el general Manuel Antonio Castañeda juzgó y condenó a Agustín Farabundo Martí y a los líderes estudiantiles Alfonso Luna Calderón y Mario Zapata a morir fusilados en el Cementerio General de San Salvador, previo traslado desde sus celdas en la Penitenciaría Central. Allí cayeron, bajo las balas asesinas del pelotón de fusilamiento, con la dignidad de los héroes revolucionarios, Farabundo Martí y sus compañeros.

Según distintos historiadores el saldo de la rebelión de 1932 fue de entre 5000 a 30.000 muertos. El viernes, 5 de febrero, en "El Diario de El Salvador" aparece el siguiente titular en primera plana: "Los Cadáveres Sepultados a Escasa Profundidad son un Peligro para la Salud. Los cuervos, cerdos y gallinas los desentierran para luego devorarlos". Y sigue la macabra crónica: "Actualmente en el departamento de Sonsonate y en muchos lugares de Ahuachapán y algunos de Santa Ana la carne de cerdo ha llegado a desmerecerse de tal manera, que casi no tiene valor. Por el mismo camino va la de res y las aves de corral. Todo se debe a que los cerdos comen en grandes cantidades la carne de los cadáveres que en los montes han quedado. La gente, por intimación, se está negando también a comer la carne de res y aves de corral. Desde luego, ellos tienen razón; pero en cambio, esta industria está sufriendo fuertes golpes". A la oligarquía salvadoreña sólo le pre-ocupaba los "fuertes golpes que estaban sufriendo los empresarios".

 

 


AYUDANOS A MANTENER Y MEJORAR EL SITIO, HAZ UNA DONACIÓN